Descubre los grandes beneficios de la enseñanza musical temprana

Numerosos estudios científicos avalan que la música tiene efectos muy positivos en el desarrollo cognitivo, creativo, intelectual y psicológico de los niños. Incluso se ha demostrado que el conocimiento temprano de un instrumento estimula el hemisferio izquierdo del cerebro, el encargado del aprendizaje del lenguaje, los números o el uso de la lógica. Pero a pesar de que se ha demostrado sobradamente que el contacto cotidiano con la música tiene múltiples beneficios en el desarrollo motriz e intelectual en edades tempranas, la educación musical en España continúa siendo una de las asignaturas pendientes en muchos centros educativos.

En el grupo IEP, estamos firmemente comprometidos con la enseñanza musical temprana y creemos que padres, educadores y responsables políticos deberían profundizar en todo lo positivo que puede aportar a los más pequeños y cambiar así el rumbo de una educación que está haciendo de la música una asignatura accesoria. Por ello, queremos detenernos en algunos de estos beneficios:

  • Desarrollo de habilidades motoras y rítmicas. El estudio de un instrumento, con sus rutinas y ejercicios, ayuda a interiorizar y desarrollar una capacidad de coordinación que difícilmente se puede desarrollar de otra manera.
  • Refuerza la atención y la concentración. Al estimular áreas del cerebro que difícilmente se ejercitan de otra manera, los niños con formación musical, tienen una capacidad de concentración y atención a los detalles muy superiores a la media, así como una mayor voluntad para ser constantes y seguir una disciplina.
  • Más memoria y creatividad. En el estudio de la música se ponen en juego la memoria visual, la memoria muscular o gestual y la memoria auditiva, que interactúan en un complejo proceso intelectual, lo que contribuye a ampliar la memoria en otros aspectos de la vida. Además, el estudio de la música potencia la creatividad y la agilidad mental, facilitando la solución de problemas de forma imaginativa.
  • Incrementa la seguridad en uno mismo y la facilidad para socializar. Los progresos diarios con su instrumento o los conciertos refuerzan en el pequeño la seguridad en sí mismo y le brindan la posibilidad de establecer nuevas amistades y relaciones.
  • Reduce el estrés. La música no sólo genera endorfinas, las llamadas hormonas de la felicidad, sino que también mejora el desarrollo del área cerebral implicada en la motivación, el placer y la recompensa.
  • La música ayuda a interrelacionar conocimientos. La relación existente entre la música y las matemáticas es un hecho comprobado por un sinfín de estudios que demuestran que el trabajo rítmico ayuda a la comprensión de los problemas matemáticos. Además el trabajo melódico favorece la memorización de textos y la correcta acentuación de las palabras e incluso mejora la dicción. Además el trabajo auditivo beneficia la capacidad de memorización y aprendizaje de otras lenguas.

 

 

Por todo esto, en el grupo IEP impulsamos el aprendizaje musical temprano, entre los tres y los cuatro años, y estamos haciendo que nuestros pequeños adquieran una habilidad en una edad en la que no se suele creer que sean capaces de conseguirlo. En nuestros centros contamos con coro, banda y orquesta, además de con escuelas musicales de grado elemental y un centro examinador de prestigio internacional, con más de 100 años de experiencia, como el Associated Board of the Royal Schools of Music (ABRSM). Cada año más de medio millón de personas de 80 países se presentan a sus exámenes.

Nuestro enseñanza musical se basa en el método Suzuki. Una manera diferente y divertida de enseñar música a los niños desde los 2 o 3 años. Este método nace de la hipótesis de que la habilidad musical no es un talento innato sino una destreza y que por tanto es algo que se puede educar y desarrollar. No es una condición especial con la que nacen unos pocos sino que se puede enseñar como se enseña un segundo lenguaje.

Este método se imparte en Europa desde hace más de 40 años. Y como se está demostrando en nuestros centros, los niños que empiezan antes a estudiar música tocan con más destreza y soltura. De hecho pueden establecerse claras diferencias entre la iniciación a los 2 o 4 años con los que empiezan a partir de los 5. Los que se familiarizan con la música a la edad más temprana son más receptivos, tienen más habilidad para corregir y aprender, mejor afinación y más coordinación y expresividad.

Además los niños que siguen el método Suzuki aprenden a memorizar y a reproducir ritmos y melodías desde muy pequeños y así desarrollan una gran capacidad de retención y memoria.

En definitiva, con la aplicación de este método en nuestros centros demostramos que el talento musical no es algo necesariamente innato, privilegio de unos pocos sino que, con la educación adecuada, cada niño puede desarrollarse musicalmente mucho más allá de lo que cabría esperar, al tiempo que adquieren habilidades como la memoria, la psicomotricidad fina, la autoestima o la comunicación.