Jugar, el mejor método de aprendizaje para los más pequeños

El juego es importante y necesario a cualquier edad pero sin duda es durante la niñez cuando cobra especial protagonismo. El niño no juega para aprender, pero lo que sí es cierto es que aprende jugando. Por ello, es muy importante utilizar el juego como metodología de aprendizaje, pues es la mejor manera de captar y mantener su atención y que descubra que aprender también puede ser divertido. Obviamente, hay momentos en que deberán leer, estudiar o hacer tareas que no les gustan pero, sin duda, de donde aprenden realmente es de aquello que les motiva y no hay nada más motivador para un niño que el juego. En Elian’s La Nucía creemos en este modo de concebir la educación y la ponemos en práctica en con nuestros alumnos más pequeños.

Los beneficios de aprender jugando son innumerables pero hoy vamos a profundizar en algunos de los más importantes:

  • Desarrollo psicomotor. A través del juego el niño desarrolla cuerpo y sentidos. Descubre sensaciones nuevas, coordina su cuerpo; explora sus posibilidades sensoriales y motoras; conquista su cuerpo y el mundo exterior y adquiere experiencias de control y dominio que fomentan la confianza en sí mismo.

 

  • Desarrollo cognitivo. Se produce cuando los niños tienen que recordar, pensar, comprender y reflexionar sobre los conocimientos aprendidos para resolver alguna situación que se produzca en el juego. Esto estimula la concentración, la memoria, la imaginación, la creatividad y el razonamiento lógico.

 

  • Aceptan y aprenden de sus errores. Al estar jugando el niño no tiene tanto miedo a las repercusiones de sus errores como ocurriría en la vida real. Va aprendiendo a enfrentarse y a solucionar situaciones complicadas y problemas que en la vida real serían incapaces de solucionar por el simple miedo a equivocarse. Esto mejora su autoestima y su confianza en sí mismos y ayuda a que pierdan el miedo a fallar.

 

  • Asimilación de los conceptos teóricos. Es uno de los mejores métodos para poner en práctica y reforzar lo aprendido teóricamente. Los pequeños aprenden mejor cuando interactúan con sus compañeros y pueden desarrollar lo aprendido a través de ejemplos y juegos.

 

  • Desarrollo afectivo-emocional. El juego promueve la relación entre los niños y facilita su interacción, estimulando el compañerismo y el trabajo en equipo. Además estimula la satisfacción, el autocontrol, las habilidades sociales, la resolución de conflictos, la responsabilidad y la comunicación. Y es el mejor antídoto contra la timidez.

 

  • El juego les hace felices y más receptivos al aprendizaje. Las redes neuronales del aprendizaje se activan cuando la persona está contenta y relajada. Por tanto, el juego es una herramienta fundamental que predispone al pequeño a aprender.

 

Jugar puede tener el único y legítimo objetivo de divertirse, pero hay diferentes pautas que nos pueden ayudar a elegir aquel más indicado para cada momento:

 

  • Que permita la libre expresión del pequeño, lo que le ayudará a comunicarse.
  • Que tenga un carácter lúdico y persiga el disfrute, para que el niño se divierta y sea feliz.
  • Que favorezca la participación, para ayudarle a relacionarse con otros niños de diferentes ámbitos y en diferentes situaciones.
  • Que tenga un carácter globalizador. Es decir, que contribuya al desarrollo de cuantos más ámbitos de la personalidad mejor.
  • Que se relacione con sus intereses.
  • Que las actividades sean variadas y breves para mantener su atención.
  • Que estimulen la exploración y fomenten la creatividad.

 

Podríamos seguir enumerando posibilidades, beneficios y razones para que nuestros hijos jueguen pero, seguramente, la más importante es que el juego les hará niños felices y adultos plenos.